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Ara Pacis Augustae, el monumento y altar de la Paz de Augusto

El Ara Pacis Augustae de Roma es una obra maestra que inmortalizó la instauración de la Pax Romana

ara pacis

El Ara Pacis es uno de los monumentos más valiosos de la historia del imperio romano y el cual muchas personas desconocen. De hecho, este desconocimiento provoca que los viajeros lo pasen por alto en sus visitas al viajar a Roma. Descubre en este artículo la importancia histórica de esta joya, la belleza de sus relieves y su simbolismo.

«Cuando regresé a Roma, de Hispania y de la Galia, durante el consulado de Tiberio Nerón y Publio Quintilio, y tras haber llevado a cabo con éxito mis empresas en esas provincias, el senado, para honrar mi vuelta, hizo consagrar en el Campo de Marte, un altar dedicado a la Pax Augusta, en el que los magistrados, sacerdotes y vírgenes Vestales deberían celebrar un sacrificio en cada aniversario”.

Estas son palabras que el mismísimo Augusto, primer emperador de Roma, pronunció en el momento en que el Senado decretó la construcción más noble de su principado: el Ara Pacis Augustae.

Una verdadera obra maestra, que inmortalizaría la instauración de la Paz Romana, el mayor logro del gobierno de Augusto. Un largo periodo, que duraría hasta la muerte del emperador Marco Aurelio. Y que le permitió a Roma alcanzar su máximo desarrollo económico y expansión territorial.

Y aunque Augusto, llegó a alcanzar el poder al finalizar una sangrienta guerra civil, también supo aportar a Roma, la estabilidad política y social, que no tuvo durante el periodo republicano.

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Ara Pacis, realización en Roma y descubrimiento en el S.XX

La ejecución del Altar de la Paz, fue aprobada en el año 13 a.C., y se consagró, a principios del año 9 de la misma era.

Este altar, erigido en señal de agradecimiento al primer emperador de Roma, por sus exitosas campañas, fue ubicado en el Campo de Marte, una amplia zona externa a la muralla, que daba entrada a la ciudad desde las tierras del norte.

Un lugar, en el que las legiones practicaban los ritos de purificación al regresar de la batalla. Y el cual debe su nombre a Marte, el dios de la guerra. Algo curioso, porque desde aquel momento, la guerra y la paz serían las dos caras de este emperador.

Un altar, que fue trasladado a su ubicación actual, junto al Mausoleo de Augusto, durante la época del fascismo en 1938. De hecho, fue el mismísimo Mussolini, quien inauguró el monumento a orillas del río Tíber.

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La exquisita decoración del Ara Pacis Augustae

El monumento con el altar de la Paz de Augusto, está realizado en mármol de Carrara y su belleza es incuestionable. Una de las cosas que ver en Roma más fascinantes y bien conservadas.

Para acceder al propio altar, donde año tras año se realizaban los sacrificios, los sacerdotes oficiantes lo hacían a través de la escalera situada al frente.

Mientras que la parte trasera, era utilizaba para introducir a los animales al interior. Una estancia decorada con guirnaldas y cráneos de bueyes. Y un altar coronado con volutas y cabezas de león, entre otros motivos.

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Altar interior en el que se oficiaban los sacrificios.

Pero la decoración más destacable, es en realidad la de la parte externa del monumento. Donde encontramos paredes estructuradas en 2 frisos.

La zona inferior, está decorada con una rica ornamentación a base de ramas, aves y pequeños reptiles.

Mientras que en el friso superior, encontramos escenas mitológicas y la célebre procesión de sacerdotes, senadores y familiares del Emperador César Augusto.

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Las escenas mitológicas y la fundación de Roma

Algo que llama especialmente la atención a los historiadores, son sobre todo, las escenas mitológicas relacionadas con la fundación de Roma.

En la parte frontal izquierda, vemos representado el Lupercal, la cueva que se encontraba a los pies del Monte Palatino. Donde según la leyenda, los hermanos Rómulo y Remo, fueron amamantados por la loba.

De otro lado, en la derecha, podemos observar una escena en la que Eneas, ofrece, junto a dos muchachos, una ofrenda a los dioses penates. Los protectores del hogar. Una escena que procura vincular de forma clara, el linaje de Augusto con el de Eneas y los mismísimos fundadores de Roma.

Por otra parte, en el lado derecho de la zona trasera, aparece la diosa Roma, sentada sobre sus armas. En un panel del que prácticamente no quedan restos.

Y ya a la izquierda, podemos admirar a la Diosa Tierra, con dos bebés en el regazo, rodeada de una selecta vegetación y de representaciones de animales domésticos. Además de escoltada, por los genios fertilizantes del Aire y del Agua. Este panel, posee una clara alusión a la prosperidad proporcionada por la Paz de Augusto.

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La Procesión Imperial del Ara Pacis Augustae

Pero si hay algunos elementos, que acaparan el gran protagonismo de este monumento, son los frisos laterales, que representan la Procesión Imperial del Ara Pacis. De hecho, gracias al relieve realizado en ellos, nos ha llegado una imagen completa de la familia del Emperador Augusto.

Primeramente, tenemos el friso sur, que sin duda, es el más famoso de los dos. En éste, una serie de lictores encabeza la procesión, junto a varios togados, entre los que se encuentra Augusto, seguidos por cuatro sacerdotes mayores.

Después tenemos a la familia imperial, en la que destaca en primer lugar la figura del general Agripa, fiel amigo y consejero del emperador. Una serie de personajes, perfectamente tallados, que convierten a la obra en un retrato colectivo de valor incalculable.

Por su parte, el friso norte, representa distintos sacerdotes y senadores, y a más miembros de la familia imperial. Entre los que destacan la hermana del Príncipe, Octavia, y su esposa Livia.

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Ara Pacis, poesía hecha en mármol

El Ara Pacis no es sólo un monumento dedicado al emperador Augusto. Gran pacificador de Roma y que gobernó durante más de 40 años. Sino que es algo mucho más grande. Pura poesía hecha en mármol. Un canto inmortal a la gloria del conocido previamente como Cayo Julio César Octaviano.

Una obra que ilustra a la perfección, las palabras que el historiador Suetonio, puso en boca de Augusto en una de sus obras: «Me encontré con una ciudad de ladrillo, y la dejé, de mármol».